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Escucha... Parte 2













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Lester Beli: foto tomada en Enero del 2002, Ciudad de México.

EDIFICIO WELLINGTON
CIUDAD DE NUEVA YORK
DOS MESES DESPUES
1 DE DICIEMBRE DE 1998
23:40 HORAS

Comenzó a llover. Enormes gotas de agua caían desde el cielo, la limusina sport que me había ido a recoger al Aeropuerto esperaba su turno para avanzar y entrar a la Quinta Avenida. Dentro del vehículo color blanco observaba detenida pero triste a las personas que corrían para llegar al otro lado de la calle y refugiarse del aguacero. Estaba sentado y recargado en la puerta izquierda del auto, miraba melancólicamente hacia afuera, acomodaba mis lentes color café, modernos, que hacían ver desde mi punto de vista el color sepia de todo lo que recorríamos. Recuerdo que usaba una sudadera color azul y un pantalón negro con zapatos del mismo color pero de montaña. En ese momento recordaba todo lo que me había sucedido tiempo atrás, desde la forma en que las personas me trataban cuando iba a pedir una entrevista, la cual siempre querían aprovecharse de mi al solicitar empleo hasta recordar a mis amigos, como lo fue Marco Rocci. El auto pudo moverse. Llegamos y nos estacionamos, abrí la puerta y bajé del vehículo, el piso estaba cubierto de hielo y la temperatura sobrepasaba los -9 grados centígrados. Frente a la puerta principal de este lugar, levanté mi brazo y mano para quitarme los lentes que tenía puesto y que me hacían ver todo en color sepia. Alcé la vista una vez que los acomodé en el cuello de mi sudadera, miré la estructura del edificio Wellington y maravillado vi como las enormes piedras de cantera del inmueble estaban iluminadas en un color azul celeste, era precioso. Un mozo corrió hacia mí sosteniendo un abrigo y un paraguas, el hombre vestido con traje de color vino de inmediato me cubrió y dos niños botones que estaban junto a él abrieron el portaequipaje del auto sport para sacar mis maletas. Volví a mirar hacia arriba, observé la vieja pero elegante estructura del edificio, vi sus bellos balcones y al cielo oscuro que estaba sobre mí. Maravillado entré al lobby cuando al mismo tiempo los relámpagos se presentaban ensordecedores pero espectaculares. Entramos de inmediato al elevador y los tres, los dos botones yo, emprendimos nuestro viaje al octavo piso.


DEPARTAMENTO DE LESTER WILLIAMS
OCTAVO PISO
23:58 HORAS

Los botones no quisieron salir del ascensor, dejaron que yo tomara mis maletas y caminara hacia una puerta de madera con un medallón de cristal cortado el cual no permitía ver hacia adentro a pesar de que era transparente. Un mozo abrió la inmaculada puerta y de inmediato me invitó a pasar, tomó mi equipaje y me habló.
-Señor, permítame por favor.. -vestido elegantemente tomó mis maletas y me invitó a pasar a un departamento con cortinas de seda doradas en las ventanas, de pared a pared y de piso a techo. La sala, que semejante al tono de los ladrillos que usan para construir las casas, hacía un delicado juego con la alfombra de color beige claro.

No había nadie en esa sala, el mozo entró al guardarropa para dejar mis cosas. La luz era tenue, íntima pero amigable, los sillones estaban bien colocados y el olor a maderas finas se expandía por todo el lugar. Algunos cuadros de pintores famosos como Tamayo, con flores en la base de los mismos, exponían una tranquilidad inimaginable.
-Por aquí señor Arenas.. -se escuchó la voz del mozo quien me invitaba a pasar a otra habitación.
-Gracias.. -respondí al tiempo que me quedaba atónito al ver una mesa bien puesta que brillaba como si fueran diamantes lo que estaba sobre ella. Como ansiaba retomar en ese instante lo que alguna vez fueron recuerdos al ver tan especial y finamente arreglada mesa. Al frente pude ver a mi osado anfitrión sentado en una silla y en la cabecera del mueble.
-Te recuerdo como la última vez que nos vimos.. -me miró y habló.
-¿Qué fue lo que te sucedió? -de inmediato pregunté y él continuaba viéndome tristemente- Lester, dime ¿Qué fue lo que te pasó? -frente a mí estaba Lester Beli, vestido de negro con ropas de charol que se ajustaban a su cuerpo delgado, sumamente delgado. Sus cabellos estaban recién cortados, rubios y parados de punta recargados hacia el frente, estaba demacrado y aún me miraba con seriedad dejando ver sus ojos hundidos. Vi con temor el color de sus labios y me espantó, eran blancos, sin ese delicado color rosado característico.
-Ahora.. Yo te tengo miedo.. -comenzó a hablar.
-¿Por qué? -le pregunté.
-Todo acabó.. -dijo mientras sus ojos se llenaban de lágrimas- ..Tú.. Eres la única.. -Beli se entumía y continuaba- ..¡Oh, Dios!! Que escalofríos.. -a pesar de su cansancio él sacaba fuerzas para continuar- Todo terminó y eres la única persona en este mundo.. a quien podía llamar.
-¿Hace cuanto tiempo estas así? -el mozo había salido de la cocina con una sopera de porcelana en sus manos que de inmediato comenzó a servirnos una suculenta sopa de nuez y berros.
-Hace dos meses, el señor Williams dejó de
comer.. -interrumpió el mozo deseando, tal vez, que regañara a Lester.
-¡Cállate!! -gritó Beli dejando escapar sus pocas energías-..Vete.. ¡Has tu trabajo, imbécil!
-¡Lester!! -dije su nombre en voz alta dejando que el silencio se apoderara del lugar después de mi fuerte grito.
-Mira.. -dijo Beli viéndome a los ojos- Han sido tantas cosas que he querido decir que.. dudó- Nadie se merece tal.
-¿Qué? -comencé a tomar mi sopa y Lester comenzó a toser.
-Cometí.. el mayor de los pecados.. -empezó a hablar y yo lo miraba atento. Sus cabellos rubios, dorados, estaban caídos. Sus ojos se habían apagado, dejaban escapar una mirada triste y muerta- ..En México.. -comentó incorporándose- conocí a un joven que me llamó la atención, se llamaba Jean Etienne. Tal vez lo escuchaste alguna vez de la melodiosa voz de Marco Rocci.. Ese mancebo Italiano amigo tuyo.. Íntimo, quiero decir.
-Amigo.. -interrumpí- solo amigo.
-Tanta razón tenía Marco al decirme que debía cuidar y respetar a mi novio... ¡Ah! Alain -Lester divagaba de vez en cuando, se confundía y después se incorporaba- Él era un hombre regio, fuerte y hermoso, con un carácter agradable, tierno y sensible.
-¿Era? -pregunté.
-Murió.
-Lo lamento mucho, Lester.

La lluvia caía fuertemente y en los cristales rebotaban los granizos. A pesar de que estábamos en el interior del departamento, un frío envolvió al ambiente. Observé detenidamente a Lester y me dije a mí mismo "Dios, si él solo es un niño" pero acepté lo que ya estaba predestinado.
-Ricardo.. -Beli comenzó a toser después de que habló- Tan solo quiero decirte que.. -apenas hablaba cuando una tos seca le dio, me levanté rápidamente para darle un vaso con agua. Lester aventó mi mano haciendo que el vaso con agua cayera al piso y se rompiera.
-¡Respira!!! -el mozo salió corriendo de la cocina, tomó a Beli de la cabeza y comenzó a hablarle- ..¡Respira hondo! ¡Trata de contenerte!
-Yo.. Tengo VIH, Ricardo.
-Conocí a un Lester Beli de gran presencia, un hombre denominado el segundo más bello del mundo.. -expliqué-..Alguien que no se dejaba vencer por nada..
-Por ello es que me aventé -dijo esbozando una sonrisa frágil que luego se apagó- ..Fue en octubre, creo, Marco Rocci y yo nos vimos durante una exhibición. Fue en México precisamente, cuando él y yo.. Tú sabes, hicimos el amor en los camerinos.
-Así que es eso.. ¡Vaya! ¡vaya! A pesar de que eso ya no me espanta, nunca me lo pude imaginar..
-Fue justamente después de que vi a Rocci, cuando vi al joven que recién te comenté. -continuó- Cuando llegué un telegrama recibí, no lo abrí en ese momento sino que lo deje guardado en mi chamarra. Ojalá lo hubiera abierto durante mi transcurso de llegada al departamento.. -Beli empezó a llorar de nueva cuenta y yo únicamente me dediqué a escucharlo. Sus lágrimas impidieron que de momento dejara de hablar fluidamente y después, cuando logró calmarse, continuó- ..Solo me dediqué a pasar la noche con mi novio.. -el mozo se retiró en ese momento- Yo.. contagié a Alain.
-Lester.. -hablé en voz alta tratando de controlarlo.
-¡Yo contagié a Alain!! -Beli gritó y mis ojos de repente comenzaron a llenarse de lágrimas inexplicablemente- ¡Y por mi maldita culpa él murió!!!
-Lester -dije tratando de controlarme- Ya no se puede hacer nada..
-Si -dijo resignado- Tengo que pagar por lo que hice..
-Trata de rehacer tu vida..
-Alain.. -susurró- Alain Becker..
-¿Cómo era Alain? -pregunté a sabiendas del dolor de Lester- ¿Cómo lo conociste?
-Alain Becker Stavenhagen -dijo mientras miraba una copa de vino que estaba frente a él y que no había tocado aún-..Alemán de nacimiento pero con el corazón Inglés.
-Háblame de él, Beli.. -de nueva cuenta unas lágrimas redondas comenzaron a salir de aquellos ojos color azul grisáceos- Perdón.. Déjalo descansar, libérate, por favor.. -Lester miraba la copa, recordaba todo lo que podía pero trataba de mantenerse- ..Solo hazlo.. -y alzó la mirada, me observó con los ojos rojos, no dijo nada, estaba cansado y débil, acabado. Tomó la copa de cristal y comenzó a beberla tranquilamente.
-A él le gustaba coquetearme en la mesa.. -Lester tomaba en sus manos aquella copa y continuaba bebiendo plácidamente pero con lágrimas saliendo de sus ojos irritados- ..Todo.. todo.. -volvió a decir cuando se había terminado el vino tinto y con sus manos tomaba la copa para verme a través del cristal...

La mirada de Lester cambió, se hizo más joven, miró todo lo que dentro de la copa había, vio figuras extrañas que lo divertían y que lo hacían sonreír, sus cabellos se levantaron, sus ojos se impregnaban más de su bello color, sus lágrimas se secaron y miraba aún dentro de la copa de vino ya vacía. Su rostro se marcó de una delicada y fina capa de color dorado, discreta pero sencilla. La limusina en donde iba cruzaba la avenida Park Lane, en Londres. El vehículo se detuvo frente a esa disco de gente rara y solo me dediqué a ver. El auto avanzó hasta llegar a Marble Arch, dentro del barrio de Mayfair, una zona residencial en donde se estableció la industria de la moda en Inglaterra. Dejé la copa justo a un lado mío, acomodé un bastidor y un portafolios de pinturas que recién había comprado y abrí la puerta cuando el semáforo se puso en rojo. Caminé largo rato hasta llegar frente a la puerta metálica que tenía en grande el nombre de la discoteca.

"HEAVEN", ese era el nombre del lugar. Dudé en entrar en un principio pero finalmente me decidí. Crucé la línea de la realidad, la surreal, la cual viven ustedes, y la otra realidad, la cruda. No me dijeron nada, pasé tranquilo, ello me infundó una tranquilidad inimaginable al saber que aparentemente nadie me estaba viendo entrar.

Recorrí despacio un corto corredor, saqué mis cigarros y escuché la música que apenas comenzaba, el fósforo hizo que mi cigarrillo se encendiera. La flama me iluminó fugaz, tanto, que a pesar de que fueron centésimas de segundo, pude verme reflejado en un enorme espejo que estaba justo a un lado mío. Me vi detenidamente, vi mi vestuario, pantalón negro y sudadera del mismo color con un saco de terciopelo y de grande cuello de color rojo. Con mi orgullosa personalidad, felíz de verme, un inglés pulcro, de tez blanca, de cabellos rubios-dorados pero con unas curiosas cejas de color castaño claro y bien marcadas, finas, de ojos color gris-azulados y delgado, voltee a donde la gente estaba y seguí caminando. Todo el mundo estaba bailando, la música electrónica sonaba mientras caminaba hacia la barra observando ese cruel ambiente, al que por cierto era mirar a hombres bailar con otros hombres. Me acomodé junto a la barra y de inmediato pedí una bebida, me percate que un joven me miraba esbozando una sonrisa, lo miré y también le sonreí pero mi forma de expresión fue opacada por la mirada seria de otro joven. El susodicho, desde entonces, tal vez medía 1.79 metros, es delgado, de tez blanca, rubio de cabello y cejas, de ojos color azul celeste profundos, de nariz recta y respingada, sensual, mucho muy sensual y sexual, de 22 años de edad, creo. Usaba una sudadera con cuello de tortuga y bailaba tranquilamente con ese otro joven.

Me animé a entrar a la pista y entablar nuevas relaciones humanas, me aventé a bailar con quien se me ponía enfrente y nadie pero nadie, ni una sola mosca quiso. Molesto regresé a la barra, pagué y dejé mi vaso, tiré mi cigarro y con mi zapato, un botín de charol negro con una enorme hebilla de plata, lo aplasté. Todos bailaban ignorándome por completo, sus movimientos, al ritmo de la música moderna, eran como si fueran seres humanos mecanizados, técnicos y escrupulosos. Habían quienes bailaban y brincaban, se azotaban entre sí, gritaban con suma fuerza y alegres desviaban su feroz necesidad de ser amados por otro semejante. La música continuó y seguía mirando a aquellos dos, el rubio y delgado se acercó sensualmente a su amante y lo besó, después, aquel joven de ojos color verde tomó la mano del susodicho y lamió sus dedos. Nick, actuaba y se comportaba como un niño, jugueteaba con su imponente personalidad especialmente con sus ojos azul celeste y cabellos rubios, de ahí que descubriera su arma secreta, Sterling sabía hablar en un tono puberto a pesar de su edad. La música terminó para después darle espacio a la balada, un gran contraste, Alain y Nick se abrazaron y bailaron de esa forma todo el tema musical, varios dejaron la pista y yo, con ganas de ir al baño también lo hice. Subí unas escaleras y frente a mí estaba una puerta de madera, creí que eran los sanitarios, entré pero solo pude percibir obscuridad, el lugar estaba saturado y escuchaba claramente murmullos y risas discretas de quienes ocupaban el espacio. No entré, por supuesto. Voltee y vi a un joven de elegante porte y personalidad, él me miraba seriamente con sus bellos ojos color verde y después sonrió.
-Yo soy.. -extendió su mano y me volvió a sonreír- ..Alain Becker.
-Y yo me llamo.. Lester.. -le apreté la mano al saludarlo- Lester Beli Wilhelm Williams Mignon du Croua, pero mejor dime Lester ó Beli..
-Mucho gusto, Lester. -Alain me correspondió y al mismo tiempo me hizo una seña con su mano y me invitó a entrar a ese cuarto oscuro- ..¿Gustas?
-Sí.. -respondí.
-No va pasarte nada -susurro y cerró la puerta, no se veía nada en lo absoluto y yo traté de salir, tenía pánico, me daba miedo estar ahí, Alain me tomó de las manos e hizo que lo abrazara- ..Confía en mí.

Me tocó, mientras estábamos abrazados comenzó a bajar sus manos hasta tocar mis pompas, a apretarlas. Se desabrochó su pantalón y después hizo lo mismo conmigo. En silencio absoluto y a obscuras, con muchas personas a nuestro alrededor, con pena comenzamos a tocarnos. Ambos estábamos calientes, ya que el ambiente se hizo aturdidor, sentí el aliento de Alain quien solo se pegaba a mi cuerpo y me abrazaba, su cálido ser se emanaba con amor y armonía, él fue la única persona que se atrevió a jugar conmigo en este pasadizo de duras vivencias. Fue rápido, quizá cinco o seis minutos bastaron para satisfacer nuestro ego y sentimiento. Hubiera sido la mejor de mis noches pero no resultó como lo esperaba. Aquella vez nos tocamos sin pena y después, cuando bajamos y él se tuvo que ir junto a su novio, vi mi futuro marcado, ya nunca lo volvería a ver.

Esa noche transcurrió rápidamente pero la disfrute muchísimo, recuerdo que llegué a casa y entré. Era de mañana y caminé despacio por el gran corredor de la mansión Williams.
-¡¿Cómo es posible que apenas hayas llegado!? -mi mamá me vio y me regaño, caminó hacia mí arrastrando un vestido color semejante al tono mamey- ¡Tu padre quiere hablar contigo!
-¡Madre, será después! -grité- ¡Cuando recién me
cambie! -el recibidor era enorme y las escaleras para subir a la planta alta estaban al fondo y pegadas a la izquierda, subí tranquilo y cuando a punto estaba de llegar al último escalón mi padre salió a mi encuentro.
-¡Beli!! -era de edad madura, de cabellos rubios, delgado y de ojos color azul con cejas y bigotes color dorado oscuro- No me importa a donde te vayas por las noches pero recuerdo haberte dicho que no malgastes tu dinero en las porquerías que comparaste.
-¿Un bastidor y unas pinturas? ¿Eso es malgastar?
-Recuerda que serás el heredero de Sir Douglas, por favor compórtate como tal.
-Odio a la hija de ese señor.. -hablé en voz baja y a mi encuentro mi hermano Junior salió también.
-¡Cállate!! -gritó papá.

Me dediqué a ver a mi padre, estaba molesto y hablaba en serio. Sin palabras que salieran de mi boca, con un coraje enterrado en lo profundo de mi alma, y con impotencia, solo tuve que esperar un momento para volver a escuchar a mi madre. -Lester, hijo. -ella caminó solo un poco más no subió las escaleras- ..Es por tu bien..
-¿Mamá? -voltee a mirarla, no podía atreverme a decir algo por que entonces me iría mal.

Caminé hacia mi habitación, deje a mis padres y entré, cuando apenas pude observar mi enorme recámara, vi mis cuadros y figuras de yeso tiradas y rotas en el suelo, mi colección de timbres postales volaban hacia mis pies. Estaba la imagen de Miguel Ángel en yeso rota y regada por todo el suelo.
-¡No!! -volví a gritar solo que esta vez mucho muy enojado y señalé a mi padre- Me enseñaste los valores e ideales..
-¡Lester!! -gritó Henry Junior.
-¡La libertad de escoger! -grité sin importarme- ..El libre albedrío.
-¡Ya cállate!! -respondió papá, Henry.
-¿Por qué no me dejas en paz? -le grité otra vez, solo que esta vez mi ira se juntó y me le fui encima a ese viejo, él me recibió con un fuerte golpe, mi cara me dolió bastante, hizo que me cayera y rodara por las escaleras hasta que llegué a la planta baja.
-¡Esta es mi casa! ¡Son mis reglas! -dijo finalmente.

Abrí mis ojos y me encontré en el primer escalón, adolorido vi a mi mamá y ella solo movía la cabeza negativamente.
-Hijo, la fecha de tu boda con la hija de Sir Douglas esta arreglada. Deberás esperar con paciencia.
-Papá.. -dije en voz baja- Mamá..
-Sométete, Beli. -finalmente me dijo mi padre, Henry.

Aquella tarde, con viento frío, me pase observando hacia la calle. Mi habitación estaba en el tercer piso de la mansión. No era mi deseo salir a pesar de que estaba vendado y empotrado en mi cama hasta que cumpliera el compromiso de tres días y curarme por completo. Para mí, todo había acabado. Estaba comprometido con la hija de alguien a quien no conozco. Era curioso, me puse a pensar el significado del amor aquella vez, me la pasé tratando de descubrir cual era la esencia de ese concepto pero me fue inútil.
-¿Puedo pasar, señor Williams? -la sirvienta entró y yo le conteste enojado.
-¡Lester! -indiqué- ¡Beli! ó ¡Como se te de la gana pero no me digas señor Williams! -recuerdo que esa vez me levanté y caminé hacia los closets, me puse algo de ropa limpia y la mucama, espantada, hizo lo posible para evitar que me moviera.
-Señor.. -solo me miró y se aguantó.

A fin de cuentas salí de la casa y caminé por Sloan Street hasta llegar a Hyde Park, un parque memorable donde las familias pueden caminar tranquilamente. En esa ocasión, mientras compraba un helado de piña, vi a Alain cruzar como relámpago usando unos patines nuevos. El modelito me había gustado pero a ciencia cierta quien los traía puestos me gustaba más. Cuando volvió a pasar junto a mí, él me miró y se detuvo haciendo gala de sus habilidades profesionales..
-Hola.. -dijo tímidamente.
-Hola.. -reafirme mi saludo.
-¿Qué tal? -se escuchó la voz de Alain.
-¿Cómo has estado? -pregunté.
-Bien -dijo- ¿y, tú?
-Bien..-respondí y le sonreí no haciendo caso de la gente ahí reunida.
-Oye.. -se aventuró a hablar y dejar atrás los saludos para después.
-¿Qué? -Le volví a preguntar, tomaba y saboreaba mi helado.
-¿Estas libre esta noche? -dijo finalmente.
-Sí.. -le respondí de manera educada a modo de que no se alucinara, sin embargo, el gran error que cometí fue que mi helado se salió del barquillo y manchó mi ropa. Ahí inició todo.
-Quiero invitarte a tomar un café.. -se rió de mí gracias a ese descuido. Sin querer, con su dedo índice tocó mi barbilla para quitarme un trozo de piña que por descuido quedó pegado a mi piel- En el Mc Loghans, me gustaría verte de nuevo.
-Sí, esta bien.. -respondí con pena- ¡Oye!! -cambié el rumbo de la charla para saber algo más de él- ¿Quién era el tipo con quien bailabas anoche?
-¿¡Nick!? -se preguntó y se quedó callado nerviosamente- ..Yo.. Bueno, es mi novio.
-Mira, no es mi deseo tener problemas con él. No me gustaría estar interviniendo de otra manera entre ustedes dos.
-Nick, -dijo- está de viaje, se fue a Noruega.
-Déjame decirte que no pienso consentirte ni doblegarme solo por que "Nick" no está.. -le dije sonriendo aventuradamente- ¿me escuchaste?
-Solo, quiero pasar esta noche a tu lado..


Mc LOGHANS STATION COFFEE
BARRIO DE MAYFAIR, LONDRES.
22:00 HORAS

Llegué al station coffee tres minutos antes de lo planeado y el lugar estaba a reventar. Alain no había llegado. Esperé dos horas parado en ese lugar compartiendo mi espacio y tiempo con la espesa neblina que de repente se presentó, al fin y al cabo decidí retirarme.


DEPARTAMENTO DE ALAIN BECKER
BARRIO THE CITY, LONDRES
24:00 HORAS

El clima estaba aún brumoso, la espesa niebla que invadió Londres y el ruido de las campanas del Big Ben recordaban a las antiguas calles del viejo Londres del siglo pasado..
-Yo.. Pensé que.. -Alain estaba atado de las manos en los barrotes de una cama, tenía puesta una pañoleta color negro que tapaba sus ojos- Me lastimas.. -Nick estaba montado en Alain, lo golpeaba fuerte mientras le hacia violentamente el amor. El joven de ojos color verde gozaba el momento y se entumía sobre el colchón mientras era penetrado por aquel infame- ..Dios.. Yo pensé que.. te habías ido..
-¡Nunca!! -gritó Nick al tiempo que se movía fuerte y sudaba a chorros- ¿Entiendes? ¡Nunca te voy a dejar! -y Alain solo se quedó mudo- ..Sigue Alain, muévete como anoche..


MANSION DE LA FAMILIA WILLIAMS MIGNON
BELGRAVIA, LONDRES.
2 DE FEBRERO DE 1996
12:00 HORAS

Estudiaba las definiciones de los pasivos y los activos, la materia era Contaduría Nocturna y mi tutor se la pasaba explicándome cada palabra que tenía la definición.
-Señor Williams -interrumpió la titular de las mucamas- Perdón por la interrupción pero el señor Williams esta esperándole por teléfono y quiere hablar con usted.
-Espérate, voy en un minuto.. -de inmediato me dirigí a mi tutor y éste me autorizó partir hacia la sala del teléfono.

Salí de la habitación y caminé a la mesa que estaba en el pasillo, contesté y esperé.
-Beli, tendrás una cena esta noche con la hija de Sir Douglas.. papá ordenó que me vistiera con mis mejores ropas de gala y que asistiera por la noche- ..¡Pon en alto el nombre de la familia Williams Mignon du Croua!!

Colgué el auricular, me senté en una silla que estaba junto a la mesa que sostenía el teléfono y me dediqué a pensar. Segundos más tarde el teléfono sonó y contesté..
-Sea tan amable de comunicarme con Lester Beli, por favor.
-¿Alain? contesté recordando su bella y melodiosa voz, armoniosa.
-¿Lester? preguntó sorprendido.
-Si, soy yo.. hablé.
-¿Puedo verte el día de hoy?
-¿Para qué? le respondí- ..Para que me abandones, ¿otra vez?
-Discúlpame por favor, te lo suplico.
-¿Qué quieres?
-Me apena pero quiero verte, es algo importante.. Alain estaba suplicándome que nos pudiéramos ver, eso era evidente pero yo, aunque tenía ganas de verlo no podía hacerlo.
-Mira, el día de hoy no puedo.. dije con tristeza- ..tengo un compromiso esta noche.
-Sólo cinco minutos.. expresó tiernamente.

Recuerdo haber hecho una mueca, de aquellas que hacemos al momento de pensar..
-¡Esta bien! respondí cuando recién tuve la respuesta.
-¿Qué propones? -habló con voz risueña.
-Ven a mi casa.. sugerí- ¿Tienes donde anotar?
-Si.. dijo.
-Esta bien.. Es Sloane Street número Uno -expliqué- Casi esquina con King´s Road. Toda esa cuchilla es mi casa.
-¿Belgravia?
-Belgravia -indiqué.
-¡Esta bien! ¡Iré a verte dentro de treinta minutos!
-No.. -le interrumpí- ..Mejor, espera y te enviaré un auto para que te recoja.
-Bueno.. -culminó.
-Solo espera un momento.. -comenté cuando me di cuenta de que Henry Junior salía de su habitación.

Era cierto, mi hermano mayor salió de su cuarto y caminó directamente hacía mí. Estaba nervioso pero molesto porque creo que se había dado cuenta de mi importante cita.
-¿Tendremos visitas esta noche? -habló cuando estaba cerca de mí- ..Si no más recuerdo.. hoy tienes un asunto que arreglar.
-Si no más recuerdo, Henry.. -tapé el auricular-..Imbécil.. No debes meterte en mis asuntos..

Las enormes puertas de metal forjado se abrieron de par en par pasados cuarenta minutos, el auto color vino entró a la mansión Williams, despacio se dirigió hacia la puerta principal de la enorme casa. El mozo lo recibió, le abrió la puerta y Alain salió del vehículo. Apenas abrieron las pesadas puertas de madera de la entrada principal y yo estaba justo frente a él, esperándolo. Alain tenía en sus manos una caja de madera pequeña, de inmediato me saludó.
-Hola -dijo- ¿podríamos estar solos un momento?
-Sí.. respondí extendiendo mi mano e invitándolo a que subiera las escaleras para ir a mi alcoba.

Cuando ambos estábamos en la habitación, Alain me entregó la caja de madera que tenía en sus manos.
-¿Y, esto? -pregunté sorprendido y destapaba la caja lentamente para ver una caja de chocolates Ferrero Roché y un muñequito de felpa con la imagen de un cerdito.
-Perdón.. -dijo arrepentido por haberme plantado aquella fría noche- ..No es para compensar mi falta sino para que seamos grandes amigos.
-¡Oye!! ¿Quién te golpeó? -a pesar de que estaba maquillado, Alain tenía un golpe en la mejilla derecha.
-Es que.. me caí -dijo- No pude sostenerme del barandal y pues.. ya sabes.
-Gracias -le expresé.
-Solo quería decirte eso pero..
-¿Qué? -le pregunté con curiosidad.
-Me gustaría salir de vez en cuando contigo.. -él estaba de pie junto a la puerta de mi habitación, no le creí pero decidí continuar con el juego.
-No veo por que no podamos hacerlo.. dije.
-Lo de aquella noche.. Perdón.
-Ah, eso.. lo invité a sentarse en mi acolchonada cama y yo me senté junto a él- Mira.. No.. no sé que me pasó..
-¿Lo saben en tu casa? -me preguntó viéndome a mis ojos.

Los árboles del patio comenzaron a moverse gracias a una delicada y rica brisa que recorrió los grandes y profundos jardines de la casa Williams, los jardineros corrieron por el alrededor disfrutando el momento en que el aire tocaba sus rostros.
-No.. le dije esforzándome- Pero.. No sé que es lo que siento, quiero decir que.. Que yo..
-¿No te defines?
-No, no es eso.. dudé- ..Es que no sé..

Nos dieron las seis de la tarde y Alain y yo estábamos parados junto a la ventana viendo y pensando, tal vez, con curiosidad, que era lo que nos podría deparar el futuro. Voltee a ver a Alain y sus lindos ojos color verde se iluminaban hermosamente gracias el bello Sol. Entonces, él se acercó cautelosamente y despacio, muy despacio, me besó en mi boca. En ese momento los rayos del astro rey se ocultaron y nadie nos vio.
-Quisiera verte seguido -habló tiernamente- Eres tan especial que cuando te vi por primera vez en la disco decidí conocerte y ahora ..he cumplido mi capricho.

Con la ventana abierta de par en par, con la brisa tocando nuestros cuerpos ambos nos mirábamos sin pena, era como si nos conociéramos desde tiempo atrás. El cielo se había coloreado de un rojo que en ciertas partes se dejaban ver un tono amarillento que después, despacio se juntaron y un rojizo anaranjado se expandió por el cielo de Inglaterra. Alain me tomó de la mano y la puso en su cara, después, cerró los ojos y comenzó a chupar cada uno de mis dedos y yo simplemente deje que mi mente hiciera lo demás, me recargué en sus pectorales y dejé que me acariciara.

No había miedo, no había pena, no había nada más que la naturaleza del hombre, no había nadie más que nosotros dos. Duramos así cuatro minutos, lo sé porque frente a mí estaba mi reloj suizo de pared. De vez en cuando trataba de que Alain me soltara pero fracasaba. Se movió y me soltó, al fin, se separó de mi pero nuestras manos no, ambos estábamos ya sobre mi cama, encendí una pequeña lámpara para que nos alumbrara y ello hizo más íntimas nuestras acciones. Estaba acostado en mi cama estirándome por completo dejando que mis impulsos guiaran mi cuerpo. Alain se montó sobre mí, sentí su cuerpo, bien marcado, firme y delgado, regio. Con pena comencé a acariciar su espalda y después sus pompas, sentí su aliento, su cálido ser cerca de mí que me inspiró fuerza, seguridad y madurez. Alain me besó una vez en la barbilla. Estábamos completamente desnudos disfrutando ese instante. Comenzó a darme besos chiquitos y rápidos como si buscara el lugar ideal para poder besarme. Se arrinconó en mi cuello y yo, lo dejé seguir. Continué acariciando su espalda mientras él se acomodaba a fin de tener sus brazos duros en mi espalda blanca. Solo la débil luz nos iluminaba. Alain tomaba en sus manos a mi cuerpo inexperto, yo le entregaba todo a él y se acomodaba con suma delicadeza mientras sentía su respiración sobre mi cara, mis gritos mudos se expandieron por todo ese frío lugar, mi dolor desaparecía lentamente mientras Alain entraba en mi carne y se movía despacio respetando a mi cuerpo y a mí mismo. Comenzó a acariciar mi cuerpo con suma delicadeza, primero fue mi cabeza, mi cuello, mi pecho y después mi sencilla panza. Conforme recorría sus dedos sobre mi ardiente cuerpo miraba a Alain y él me respondía abriendo hermosamente sus pupilas dejando ver el bello color verde de sus ojos y dejaba que él iniciara todo, aquel rico sentir. Me movía fuerte pero soportando, aceptando lo que estaba ya escrito. Él se movía y observaba fijamente a mis ojos azules-grises. Se movía con tal goce que después logro acomodarse para que sus manos bajaran a mis partes nobles y las acariciara gentil, muy gentil. Sus dedos sobre mis testículos hicieron que me entumiera de inmediato, me daban calambres quisquillosos que juguetones hacían que perdiera la noción de tiempo y espacio. Con suma cautela, sus dedos rozaron el inicio de mi virilidad. Las yemas de sus dedos frotaban aquella parte sensible de mi vida y yo dejaba que siguiera, no me importaba en lo absoluto, no tenía miedo ni mucho menos asco, me gustaba sentir lo que estaba aprendiendo. Con suma sencillez comenzó a masturbarme, era algo con tanto amor que continué dejando a Alain que hiciera el trabajo hasta que ambos no pudimos contraernos. Ninguna palabra nos interrumpió. Ambos quedamos extasiados, cansados y sudorosos. Alain continuó mirándome y yo también lo observaba pensando en lo que tenía que hacer. Las gotas de sudor recorrían el cansado abdomen de Alain, nuestros cabellos estaban empapados y nuestras caras estaban húmedas sin dejar de escapar la expresión del éxtasis. En ese momento, apagué la lámpara.